Organizaciones
paraeclesiásticas
Lecturas
y libros para pastores
El
lugar de la iglesia en una comunidad
El
insoportable de las vacaciones
Predicaciones
en las iglesias: Biblia o hinduismo
Cambios
sociales en la Argentina
La vida en la dictadura cívico-militar de 1976
La
necesidad de un mensaje profético
Aporte evangélico
a la sociedad
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incluyen con frecuencia
episodios de obras de la literatura universal, frases de filósofos y
pensadores y definiciones contundentes "porque la Biblia --justifica--
tiene que relacionarse siempre con la realidad". Es autor de siete
libros, tres tangos sobre Buenos Aires y 15 obras de teatro. Conduce
el programa radial "Tierra firme" que se transmite por 200
emisoras de América y España. Participó como conferencista en varias
ediciones de la Feria internacional del Libro, el evento cultural más
importante de Buenos Aires, y como orador principal en actividades de
organizaciones de América latina y los Estados Unidos. |
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reconoció en 2005
por su trayectoria y el Concejo Deliberante de San Miguel lo declaró
ciudadano ilustre. Tiene un pasado empresario en la industria de la
fundición de hierro de alta calidad y en el negocio gráfico, actividades
que consideró como "simplemente el escalón para poder sostenerme
en la parte de crecimiento de una iglesia" que tenía 30 miembros.
"Sabía desde muy joven que yo iba a abandonar todo eso", afirmó. |
Los principales proyectos de Salvador
Dellutri para los próximos años son: el aumento de la difusión de su programa
radial "Tierra firme" por todo el mundo hispanoparlante; la formación
del liderazgo de la próxima generación de su iglesia local; la redacción de un
libro sobre la influencia de la posmodernidad en la iglesia y de una novela policial
que continuará su obra "Hay que matar a Jesús", además de nuevas
obras de teatro para el ciclo que lleva adelante durante tres meses al año la
Iglesia de la Esperanza. También se dedicará a profundizar el uso de los
recursos audiovisuales para la evangelización.
A
paso vivo y de impecable camisa rosa, Salvador Dellutri llegó a la cita acordada
con Pulso Cristiano. Se disculpó por la demora de cinco minutos: un embotellamiento
de tránsito ocasionado por una multitud de turistas que salían de la ciudad
el día previo al 24 de marzo, para aprovechar el feriado nacional en conmemoración
del golpe de Estado de 1976, complicó el tránsito porteño. El antes y el después
de la entrevista muestran que, entre otras cosas, este dirigente evangélico
es un hombre de la cultura. Para encontrarse con este medio sugirió hacerlo
frente al Teatro General San Martín, el principal centro cultural de la ciudad
de Buenos Aires, donde se puede acceder a una variedad de manifestaciones
artísticas a precios muy accesibles. Cuando Pulso Cristiano sugirió reunirse
“en el bar de la esquina”, Dellutri demostró sus conocimientos
de la zona y clarificó el tema: “Ah, le gusta ‘La Paz’”,
un histórico café porteño ubicado en la esquina de Corrientes y Montevideo.
Al final, cuando caía la noche y en el momento de la despedida, el entrevistado
siguió con lo suyo.
¿Se va para su casa,
Salvador?
No, no, me
voy a mirar unos libros en una librería de la otra cuadra.
¿Qué lugar tuvo su familia
para que sea un hombre de fe?
Todo esto nace con mi abuela
materna, Ana, y mi abuelo, los dos sicilianos, cristianos muy fieles. Ella siempre
me decía que yo iba a ser un predicador del evangelio y que ella iba a estar
orando por eso. Mi abuela falleció cuando yo tenía 15 años, lo que quiere decir
que jamás me vio en el ministerio. Pero creo que mi ministerio
es respuesta a esas oraciones fervientes de esa mujer que había nacido en una
cultura cerrada y primitiva como es la cultura del sur de Italia, y que no
tenía tal vez muchas luces de conocimiento. Tenía una sabiduría de pueblo que
la había acrecentado muchísimo con la lectura de la Biblia. Y para ella creo
que lo más grande hubiera sido que su nieto mayor, el único varón, pudiera ser
un pastor, un predicador del evangelio y ella oró por eso.
¿Cómo fue su conversión?
A mí me llevaron y presentaron en la
iglesia de Villa del Parque (un barrio de Buenos Aires) cuando recién nací. Mi
conversión tuvo lugar a los 11 años cuando vino Oswald Smith a Buenos Aires.
Allí recibí al Señor el 2 de noviembre de 1957. Al poco tiempo nos mudamos a
San Miguel porque mi padre tenía toda su industria allí y entonces fuimos a la
iglesia donde estamos ahora. Recuerdo que a la primera reunión a la que fuimos
había cuatro personas. Era una iglesia que no pasaba de las 10 personas.
Alquilaban un lugar que debía tener 4 por 4 metros.
¿Cuál fue su formación
académica?
Todo lo académico que tengo me lo
dio en sus comienzos el Instituto Jorge Muller. Cuando comenzó, el instituto
estaba comprometido con la escuela bíblica de Villa María, en Córdoba. Luego
estuvo a cargo de Abel Andrés que nos dio la enseñanza y práctica de vida
cristiana de una manera excepcional. Pero después creo que uno se va haciendo
solo. No descreo de los institutos bíblicos, pero sí descreo de los programas
de estudio que utilizan ahora porque en general tienen la tendencia a ser
demasiado académicos. Reciben demasiada influencia de las corrientes liberales
y muy poca formación en vida cristiana y muy poca información en filosofía.
Esto quiere decir que muchos que salen de los institutos bíblicos son
académicamente irreprochables en lo teológico, pero muchas veces no tienen la
capacidad de inserción dentro de la iglesia y de la sociedad porque conocen la
teología pero no conocen la filosofía por la cual se está moviendo el mundo. Y
tal vez mucho de lo que está pasando en la iglesia hoy se debe a eso.
En sus predicaciones
hay mucho de filosofía, de historia del pensamiento, de clásicos de la literatura.
¿Por qué utiliza esos recursos?
Porque la Biblia tiene que
relacionarse siempre con la realidad. La predicación tiene que ser un puente
entre el mensaje de Dios y la realidad y el pastor tiene que saber escuchar las
dos voces. La voz de las corrientes que hay en la sociedad y la voz de Dios.
Por otro lado hay que levantar el nivel de nuestra gente y sacarle el miedo a
la cultura porque sino la iglesia está trabajando cada vez más en las capas más
ignorantes de la ciudad y tiene cada vez menos llegada a la clase media alta, a
la clase dirigente y a la clase intelectual.
¿Hemos tenido un retroceso
en ese sentido? ¿Hace 100 años los evangélicos tenían más llegada a la clase
dirigente?
No sé si tenían más llegada. Creo
que la sociedad estaba conformada de una forma distinta y podía trabajar mucho
con la clase media y con la clase media alta. En este momento la sociedad ha
cambiado y creo que la iglesia argentina fue perdiendo el tren de la historia.
¿Cuándo empezó a perderlo?
Es difícil marcar un momento en que
uno diga "perdió el tren de la historia", pero creo que hubo muchas
luchas intestinas y denominacionales que produjeron un desaliento en mucha
gente muy capaz que viendo la forma conventillera en que se manejaban algunas
iglesias evangélicas se refugiaron en las iglesias históricas, lo que privó a
muchísimas iglesias de mucha capacidad. La iglesia evangélica en este momento
no tiene lugar para los intelectuales, para los artistas. Tampoco tiene lugar
para la dirigencia seria, para los académicos. Su mensaje apunta cada vez más
abajo. Cada vez más mágico y menos bíblico y cada vez hay menos pensamiento,
teología seria en los cultos.
¿Este proceso se dio con
mucha fuerza en la década del '60 en el siglo pasado?
Creo que en los '60 teníamos una
base de discusión mucho más amplia y se comenzó a perder en ese momento. En
definitiva la iglesia sufrió los embates que sufrió el país; entonces se ha ido
degradando el país, la educación, la cultura y también la iglesia junto con el
país. Lo que pasa es que la sociedad está recuperándose de todas esas cosas, y
la iglesia no. Por otro lado es el fruto de ciertas prédicas que se hizo
durante la época. Yo escuché cuando tenía 25, 30 años que decían: "¿Para
qué vas a estudiar ingeniería si en el cielo no hay puentes?" Entonces esa
fe transmundista ha perjudicado de tal forma que el mensaje no tiene llegada a
la sociedad porque le falta el contenido profético; la predicación ha degradado
hacia el pensamiento mágico y se ha olvidado que ésta es una hora profética.
Organizaciones
paraeclesiásticas
¿No cree que esa falta
de llegada va acompañada de organizaciones que agrupan a las personas, bajo
una tendencia a permanecer dentro del ambiente
evangélico y no dentro la sociedad?
Están las instituciones
proeclesiásticas, necesarias para que la iglesia pueda seguir su marcha porque
están puestas como apoyo de la iglesia, la Sociedad Bíblica por ejemplo. Es
imposible que cada iglesia fabrique su propia Biblia. Hay organizaciones que
son paraeclesiásticas, que se ponen a competir con la iglesia. Yo repito
siempre la enseñanza del apóstol y lo que dice el Espíritu Santo: "Cristo
amó la iglesia y se entregó a sí mismo por ella". Cristo no amó a ninguna
otra institución, amó a la iglesia. Si la institución se integra a la iglesia y
los miembros de la institución están dentro de las iglesias como miembros
activos y comprometidos, las instituciones van a ser sanas. Lo que veo es que
muchos se involucran tanto en los movimientos paraeclesiásticos que después no
tienen vida de iglesia; se sienten aparte de todo eso y eso es parte de la
decadencia.
Muchas personas terminan
en esas organizaciones, que son útiles y necesarias, pero se transforman en
una suerte de "escapismo", de no estar en la sociedad.
Bueno, hay instituciones
"evasionistas", que responden a una política internacional de los
Estados Unidos, de vaciamiento mental de América latina. Hay una influencia
tremenda de la política republicana en muchas instituciones que vienen a
América latina y lamentablemente como no hay capacidad pastoral para ejercer
resistencia en cuanto a esas cosas se traen modelos que son ajenos a nuestra
sociedad, pero que además responden a una necesidad política de los Estados
Unidos. Durante los 10 años del menemismo (Nota de R.: el gobierno del ex
presidente Carlos Menem entre 1989 y 1999) no tuvimos aquí afluencia de grandes
evangelistas porque los mandaban a Oriente. En este momento en que hay una
guerra en el mundo árabe vuelven los evangelistas a América latina. Se están
moviendo de acuerdo a las necesidades políticas que marcan los Estados Unidos.
Lecturas
y libros para pastores
¿Es cierto que lee un libro
por semana?
Más de un libro por semana.
¿Qué lee?
Bueno, leo de todo. Acabo de leer un
libro de un amigo que tiene un hijo mogólico que escribió sobre su experiencia
con su hijo. Ese libro lo leí ayer.
¿Ayer, en un día?
Sí. Por supuesto que tengo algunas
lecturas paralelas cuando son mucho más amplias que eso. Hay cosas que voy
leyendo con el tiempo. Por ejemplo estoy repasando "Los miserables"
de Víctor Hugo, una obra que no es recomendable leer en una semana. Leo sobre
todo los grandes pensadores del presente. Me interesa mucho (Gianni) Vattimo,
(Umberto) Eco en su aspecto como ensayista, Giovanni Sartori. Creo que son los
hombres que dicen lo que está pasando en la sociedad y para dónde va el
pensamiento. Y los enfoques que ellos hacen de los problemas sociales, desde la
visión secular, son muy útiles porque tienen información y manejan
conocimientos que nosotros no tenemos. Me interesan algunos pensadores de los
Estados Unidos. Noam Chomsky y Susan Sontag son pensadores que uno no puede
evitar. Nadie puede entender la posmodernidad sin haber leído a (Gilles)
Lipovetsky, por ejemplo. Estos son nombres que tendrían que estar presentes en
las bibliotecas de los pastores. Durante una serie de tres conferencias que di
hace dos semanas (marzo último) en Perú sobre la influencia de la posmodernidad
en la iglesia ante 5.000 personas entre pastores y obreros yo les decía:
"Miren, tomen los títulos de las obras de Lipovetsky y tienen una
definición de lo que es la posmodernidad": "La era del vacío",
"El imperio de lo efímero". Creo que estas cosas no las analizamos
como conviene, porque son pensadores tal vez desesperados frente a la realidad
pero que hacen brillantes análisis de lo que está pasando.
¿Cómo se lleva con la tecnología
y con los medios nuevos?
A mí me interesan mucho los nuevos
medios audiovisuales. No soy un hombre ducho en el manejo de la última palabra
en tecnología, pero tengo gente que lo hace. Pero a mí me interesa mucho
utilizarlo en la predicación y estoy experimentando bastante en transmitir la
verdad no solamente en forma oral sino en forma audiovisual. Por eso trabajo
con mi hijo mayor bastante en todo lo que sea multimedia para ver cómo se
hilvana todo esto y cómo puede llevarse el mensaje sin desvirtuar lo que debe
ser la predicación.
Sin que el medio se transforme
en un fin en sí mismo...
No, no, no… lo que pasa es que
hay que hablarle a un hombre que está acostumbrado a la cultura visual. Yo di
una conferencia sobre Navidad y otra sobre Pascua con sistemas audiovisuales.
Utilicé grandes cuadros de la literatura universal y sobre cada uno de los
detalles de los cuadros reflexionaba. Es impresionante el impacto que tiene en
la gente que no es cristiana el hecho de pararse frente a una obra de arte y
hacer una lectura espiritual de esa obra de arte, tratar de ver lo que quiso
transmitir ese autor, ver cuál fue el mensaje que quiso dar y cómo está
enraizado eso con la fe cristiana.
Henri Nouwen escribió
un libro a partir de su experiencia con el "Hijo pródigo" de Rembrandt.
Yo lo hice con una serie de cuadros
partiendo de "La adoración del Cordero de Dios" de (Jan) Van Eyck,
donde se muestran todos los aspectos de la fe, sumándole una cantidad de obras,
unas de la época y otras modernas para ver cómo se ha ido desvirtuando la fe.
Terminaba con "La última cena" de (Salvador) Dalí donde pinta a los
apóstoles alrededor de una mesa, con un Cristo que tiene la cara de su esposa,
de Gala. Es un cuadro muy interesante porque el redentor tiene la cara de su
mujer. Es todo un mensaje, especialmente teniendo en cuenta lo que representó
Gala en la vida de Dalí, la mujer que lo dinamiza como artista y lo posiciona
comercialmente. Ella lo salva de la bohemia y lo transforma en un hombre
comercial. Y ahí reemplaza la cara de Jesucristo. Es muy interesante porque es
la secularización total de la fe, además es el signo de una cultura que no
tiene respeto por lo sagrado, que perdió el sentido de sacralidad.
El
lugar de la iglesia en una comunidad
Usted es conocido
como pastor y periodista, y ha logrado una posición frente a la sociedad.
¿Todo eso fue una estrategia de la iglesia,
lo buscó deliberadamente o simplemente pasó?
Hay cosas que uno no las busca
deliberadamente. Lo que yo busqué es que la iglesia tuviera una presencia
dentro de la comunidad. Cuando uno va a cualquier ciudad latinoamericana sabe
perfectamente dónde encontrar la iglesia católica: está en la plaza principal.
Sabe también, dice un amigo mío, dónde encontrar la iglesia evangélica: donde
el diablo perdió el poncho. Entonces vi una iglesia completamente divorciada,
que cantaba insistentemente "somos un pequeño pueblo muy feliz",
encerrada en una burbuja. Cuando intenté romper eso, hubo que dar pasos
transformadores en la liturgia de la iglesia, en la forma de comunicar con la
sociedad. Pero además si queremos tener un ministerio profético hay que
convocar a la gente para que escuche la voz de la iglesia, lo que pensamos los
cristianos.
¿Por eso convocan a desayunos
con los periodistas de la ciudad?
Estos desayunos nos sirvieron,
justamente, para poner el ministerio profético al alcance de la gente, sobre
todo de la dirigencia. Los intendentes han venido y siguen viniendo y tengo que
tener una relación con ellos; además la comunidad ha reconocido varias veces en
forma pública a través del Concejo Deliberante la labor que hicimos a favor de
la comunidad. Y creo ser el único pastor al cual los intendentes en sus
discursos públicos citan. Dicen "como dijo el pastor Dellutri".
Recuerdo que en un desayuno en el que estuvo (el ex intendente de San Miguel)
Aldo Rico, yo dije: "El problema de la sociedad nuestra está en el corazón
del hombre y el único que puede tocar el corazón del hombre es Dios". Y
cuatro días después (Rico) estuvo en el programa del (periodista Luis) Majul y
lo repitió textualmente: "El problema argentino está en el corazón del
hombre y solamente Dios puede tocar el corazón del hombre".
Bueno, no es lo mismo
que lo diga Rico que lo diga Salvador Dellutri.
No, no, de acuerdo. Pero lo
importante es que alguien tome la autoridad de la palabra de un pastor.
Usted también es un hombre de
radio.
En este momento tengo dos programas
que grabo en Uruguay por Radio Transmundial. Uno de ellos es "Tierra
firme" que sale en 200 emisoras de América latina, Estados Unidos y
España, tal vez más porque además está saliendo por el satélite Alas de
Ecuador. El otro es un programa con mis sermones de los domingos. Para mí eso
es lo antiradial, pese a lo cual camina muy bien a nivel local en Uruguay los
domingos a la noche.
Hay quienes dicen
que la radio es el medio de comunicación por excelencia. ¿Piensa que es así?
Yo creo que es así, porque es un
medio que permite a la gente pensar y reaccionar. Es un medio que puede
transformarse en un medio de comunicación. En general, los medios de
comunicación no son de comunicación sino de difusión. Porque habla un solo
lado, el otro no habla, recibe. Pero la radio puede
hacer participar a la gente con mucha más facilidad que la televisión.
¿Cómo se informa habitualmente?
Escucho algo de radio Mitre por la
mañana porque paso como mínimo diez horas por día frente a la computadora.
Cuando sí escucho radio realmente es cuando viajo en auto. Leo los diarios que
traen información como La Nación, Clarín y Página 12, alguna revista como
Veintitrés, leo (el suplemento cultural del diario Clarín) Eñe y más por
Internet. De 7.00 a 8.00 estoy metido con todos los diarios que me interesan de
todas partes: leo los diarios españoles, algunos de América latina, El
Mercurio, de Chile; El Comercio, de Lima, para estar medianamente informado.
Si la radio es tan importante
para la comunicación, ¿por qué ha sido tan bastardeada en el ambiente evangélico?
Porque no saben hacer radio, porque
han creído que hacer radio es llevar el púlpito a la radio o en algunos casos
llevar toda su incultura. En general en la Argentina se dice en los ambientes
radiales que cuando una radio empieza a llevar programas evangélicos desde la
medianoche es porque está en quiebra económica. Se sabe que para salvar una
radio que se está cayendo hay que poner a los evangélicos.
Que terminarán de hacerla
caer…
La radio tiene un problema: es como
una esponja que absorbe al emisor; el que hace radio agota temas
permanentemente. Si yo hablo hoy del aborto, durante un año y medio no puedo
volver a tocar el tema. Entonces va agotando temas. Hay que estar muy metido en
la realidad para seguir las corrientes de la sociedad y responder
inteligentemente a las demandas de la sociedad. Un programa serio implica mucho
trabajo de producción que lo tiene que hacer el que está frente al micrófono y
no la producción.
Radio, tarea pastoral,
conferencias, periodismo. En fin, tiene una cantidad muy importante de ocupaciones.
¿Cómo organiza su vida familiar?
Yo trabajo en mi casa. Mire, en mi
cumpleaños 60, en diciembre pasado, habló mi hijo menor y él hizo un discurso
con respecto a mi vida donde me tomó el pelo, pero dijo algo que me dejó muy
satisfecho: "No fuiste un padre de grandes discursos gracias a Dios, pero
fuiste un padre de una inmensa presencia". Es decir, mis hijos nunca
dijeron que yo era un ausente sino que era una presencia dentro de la casa.
Nunca descuidé la vida de mi hogar, ni a mis hijos. Siempre estuve con ellos,
siempre me relacioné con ellos. Cuando viajaba y eran chicos llamaba
permanentemente por teléfono. Una vez se fracturó la muñeca el más chico, llamé
y le dije: "Si querés vuelvo, no hay ningún problema", y yo dejaba la
campaña. Yo creo que valía la pena porque otro predicador podía haber pero otro
padre no. Y él dijo: "No, papá, quédate…" Siempre los hice
participar. Nunca sintieron que el padre viajaba porque era su ministerio, su
tarea, sino que ellos eran parte. Y hacerlos parte es comentar y conversar y
hablar y cuando pude llevarlos los llevé para que vieran. Mi hijo mayor estuvo
conmigo en Perú, en los Estados Unidos, para que ellos fueran parte del
ministerio y entendieran que uno tiene que integrar a su familia en todo esto.
Lo mismo que mi esposa. Mi esposa es una compañera ideal para la tarea que
estoy haciendo: "bancar" a un tipo como yo es muy difícil.
¿Por qué?
Cuando estoy estudiando un tema me
transformo en monotemático. Cuando estoy concentrado haciendo un libro no
quiero que nadie me moleste y además trabajo a una velocidad que nadie me puede
seguir. Yo tengo una gran capacidad de trabajo, Dios me dio la posibilidad de
hacer cinco o seis cosas a la vez sin problemas y eso a la vez se nota con la
gente que está a mi alrededor, porque yo entro, salgo, vuelvo, traigo, escribo,
publico, llamo por teléfono y los vuelvo locos. Y la otra cosa es que mi casa
es una biblioteca.
¿Calculó cuántos libros
leyó?
No, nunca hice cálculos, no me
interesa. Tengo una biblioteca de aproximadamente 10 mil libros repartidos en
toda la casa y tengo mi estudio donde yo trabajo que es un departamentito al
fondo de la casa. Ahí medito cuando es necesario, trabajo con la computadora y
tengo todos los libros de estudio. Todo lo que sea literatura está en otra
parte de la casa.
El
insoportable de las vacaciones
¿Ha tenido en función
de la familia un criterio de decir "A tal hora hago esto, después lo
otro" y así durante el resto del día?
Lo voy manejando. Cuando todavía
trabajaba secularmente, al llegar del trabajo sabía que me tenía que poner a
jugar con mis hijos. Siempre traté de que tuvieran juguetes creativos. Recuerdo
que tenían un juego con el que todos los días armábamos un aparato diferente,
un avión, un barco, una calesita que funcionara. Las vacaciones, hasta que mi
hijo menor se casó, siempre fueron compartidas. Sin problemas. Tampoco fue un
asunto forzado. Creo que lo disfrutábamos, aunque ellos dicen que soy también
insoportable en las vacaciones porque hago programas de salidas y de trabajo y
trato de estar cerca de una ciudad porque soy un hombre de ciudad. Necesito
estar en la ciudad, revolver una librería, tomar un café. Vivo en San Miguel
desde los 11 años, pero cuando vuelvo del exterior nunca siento que volví a la
Argentina hasta que vengo y camino por la calle Corrientes. Soy porteño, nací y
amo Buenos Aires. Yo digo que soy como María Elena Walsh: "Me duele si me
quedo pero me muero si me voy". Buenos Aires para mí es la gran ciudad, es
mi ciudad.
Predicaciones
en las iglesias: Biblia o hinduismo
¿Se
predica la Biblia en las iglesias?
En algunas iglesias se ha olvidado
el sermón y hay arengas, y en otros lugares hay muchas ideas personales que se
tratan de apoyar con versículos bíblicos. Yo creo que hay iglesias que están
muy mal paradas frente a los embates de la posmodernidad. La iglesia estaba
acostumbrada a predicar hacia el católico tradicionalista y hacia el ateo
recalcitrante. La posmodernidad cambió eso y hoy tenemos una espiritualidad
difusa. El hombre de hoy cree cualquier cosa. Muchas de las creencias que trajo
la posmodernidad llegaron a la iglesia, impactaron en ella y fueron adoptadas
por la iglesia. Los pastores no se dan cuenta de lo que está pasando.
¿Qué creencias, por ejemplo?
Por ejemplo, el hinduismo habla de
la incubación inconsciente. Es que uno puede incubar inconscientemente algo y
por medio de esa incubación modificar la realidad. Si yo quiero tener una
determinada suma de dinero la tengo que incubar inconscientemente. Tengo que
convencerme a mí mismo, tengo que decir "yo quiero lograr esto" y
visualizarlo y mentalmente armar todo eso y entonces modifico la realidad. La
realidad la modifico a través de una incubación inconsciente. Este pensamiento
está presente en muchos púlpitos: "Declárelo y lo tiene". Ese
"declárelo" es de raíz hinduísta. Y conocemos mucha literatura que
dice: "Pídale exactamente a Dios lo que quiere para que Dios no se
confunda".
¿En la liturgia observa
esta influencia postmoderna?
(El filósofo alemán) Friedrich
Nietzsche, a quien considero el padre de la posmodernidad, en "El origen
de la tragedia" habla que uno de los problemas que tiene el mundo
occidental es que tenía que abandonar al dios Apolinio y volver a lo
orgiástico. Es decir, vaciar el pensamiento y volver a lo orgiástico. Bueno,
eso es lo que se ve en la sociedad de hoy. Los jóvenes van a un concierto de
rock y ese concierto tiene mucho de orgiástico en el sentido cabal de la
palabra, de celebración masiva donde lo racional se deja afuera para vivir una
comunión alrededor de algún ídolo anulando todo pensamiento racional. Se llega
incluso al pogo, que es una forma de comunión furiosa, donde se juntan la furia
con la comunión. Estoy con él, pero lo empujo y él me golpea a mí. Notablemente
esto también está en la iglesia y muchas veces los cultos están vacíos de lo
que decía Nietzsche, de Apolos, es decir de la mesura, el razonamiento, la
explicación, la reflexión, la suavidad de la transmisión de la verdad. Y lo
orgiástico ha tomado su lugar donde nos perdemos y llegamos a tener la mente en
blanco, donde no pensamos y donde alcanzamos un fenómenos
catártico. Bueno, esa es una influencia de la posmodernidad que nosotros hemos
visto muchas veces.
¿Ha vivido experiencias
de ese tipo?
Yo he ido a iglesias a predicar
donde la gente canta una hora y media y después me dicen: "Bueno, ahora
predique". ¿Qué le voy a predicar a gente que ha estado gastando energía y
adrenalina durante una hora y media y no está dispuesta a escuchar? Comparto lo
que dijo como predicador invitado un pastor en América latina: "Bueno,
hermanos, estamos todos muy cansados. Los que quieran escuchar la palabra de
Dios vuelvan mañana". Indudablemente, él no podía llevar un mensaje
profundo, espiritual, a esa gente que había estado transpirando durante una
hora y media, y cansándose, danzando y saltando y moviéndose y que no estaba
dispuesta a escuchar, sino que se sentaba para descansar. Por eso digo que
Nietzche está ganando la partida. Lo orgiástico puede más que lo apolíneo: lo
desmesurado, el descontrol puede más que lo controlado.
¿Cómo conjuga una iglesia
que quiere ser sana el tiempo de adoración y alabanza con la de exposición
de la palabra?
Creo que tiene que haber un
equilibrio entre las dos cosas. Debe hacer un programa equilibrado y no dejarse
engañar con eso de la libertad del Espíritu porque fácilmente se confunde lo
que es libertinaje de la carne con libertad del Espíritu. Debe haber un programa
donde lo emocional tenga también su lugar. Muchas veces la iglesia en el
pasado, influenciada por la modernidad, fue demasiado racionalista. Nosotros
estamos viviendo en un tiempo donde lo emocional tiene una importancia capital.
Dentro de la fe lo emocional tiene su lugar, lo que pasa es que lo emocional
tiene que estar bajo el control de la razón. Lo emocional no puede desbordar a
lo racional como muchas veces ocurre. La razón tiene que manejar la parte
emocional. No podemos hacer los cultos que yo vivía en mi infancia, donde lo
emocional no tenía cabida y era todo mecánico, pero tampoco podemos llegar al
otro exceso. Creo que hay que equilibrar las dos cosas.
Cambios
sociales en la Argentina
¿Cómo ve al hombre y a
la mujer en la Argentina a 30 años del golpe de Estado de 1976? ¿Ha cambiado
o en esencia sigue siendo el mismo?
No, yo creo que ha cambiado y ha
cambiado mucho. Nosotros estamos acá en el bar La Paz (sobre la avenida
Corrientes, en Buenos Aires) y en este lugar las discusiones que había hace 30
años, cuando yo tenía 30 años aunque todo esto había empezado cuando yo tenía
22, 23 años, bueno, discutíamos temas que tenían que ver con la psicología.
Fundamentalmente éste era el lugar de los psicólogos. Se discutía de (el
filósofo francés Herbert) Marcuse, la visión del hombre desde el marxismo, pero
siempre desde el punto de vista psicológico. Pero había un hombre interesado en
el cambio. Todos nosotros queríamos hacer el cambio y participábamos.
Buscábamos cambios y nos sentíamos comprometidos y discutíamos. Había
diferentes caminos e ideologías que se discutían acaloradamente. Todos teníamos
el sentimiento de que podía hacerse algo, de que podía cambiarse y además todos
estábamos interesados en el país, por la Argentina. Rechazábamos todo lo que
fuera materialismo, éramos idealistas por excelencia y la utopía era el norte
hacia el cuál íbamos. Hablábamos del hombre nuevo y discutíamos muchísimo.
Tanto los marxistas como los cristianos teníamos una concepción del hombre
nuevo y nos enfrentábamos qué sería ese hombre nuevo al que teníamos que
acceder. Y por supuesto eran discusiones fuertes pero que hablaban de gente
comprometida.
¿Y en la actualidad?
Yo lo que veo hoy es que la juventud
no tiene ningún compromiso, está aislada. Hoy agarramos un muchacho de 25, 26
años y no le interesa. Ha cambiado el mundo, ha cambiado también la Argentina.
Ahora estamos en el mundo de lo hiper. En aquel momento había dos potencias,
ahora hay una hiperpotencia. Tenemos hasta hiperdelincuencia, hiperterrorismo.
Entonces es una característica de la posmodernidad: "Esto no se puede
cambiar", "la tenemos que pasar bien". El hombre se ha reducido
al hoy y ahora. Y creo que eso se ve en la Argentina. Yo estoy muy alarmado por
el crecimiento del alcoholismo, la promiscuidad sexual, el crecimiento de la
homosexualidad, los grandes dramas de adolescentes embarazadas y siempre de
padres desconocidos. Y no estamos hablando de las clases más bajas, porque
cuando uno habla de esto piensa que está hablando de algo que sucede en la
marginalidad. No, no, es algo común. La falta de compromiso es tal que ni
siquiera la ley de divorcio que hay en nuestro país logra un compromiso
matrimonial. La gente se junta y se arma y se desarma. Creo que está hablando
de una sociedad que acusa fuertemente la decadencia.
¿Y eso se ve en la iglesia?
Por supuesto, la frivolidad también
llegó a la iglesia. La iglesia está luchando con algunos problemas que antes no
teníamos. Los problemas de inmoralidad han crecido dentro de la iglesia, y creo
que van a ser cada vez mayores.
La
vida en la dictadura cívico-militar de 1976
¿Cómo vivió los años del "Proceso"
militar (1976-1983)?
El "Proceso" llegó con el
apoyo de toda la población. Tengo muy buena memoria y algunas postales muy
frescas de aquel tiempo. La gente lo estaba esperando, estaba deseando el golpe
de Estado. Recuerdo perfectamente lo que fue el 24 de marzo y todo lo que hice
ese día. Venía de San Miguel a Buenos Aires por la ruta 8 y veía a la gente al
lado de la ruta contentísima porque los tanques estaban en la calle y se había
terminado el gobierno de (la ex presidenta) Isabel Perón, porque en alguna
forma íbamos a terminar con la violencia. Lo que vino después fue terrible. Yo
lo viví duramente. En primer lugar yo fui alumno de la Facultad de Filosofía y
Letras. Era muy inconsciente en aquel tiempo. No tiré ni uno solo mis libros
marxistas. Yo decía: "Soy un hombre de la fe, he escrito, estoy
participando y entonces quién va a creer que soy marxista". Tengo todos
mis libros marxistas todavía. Fue inconsciente pensar que el otro, del otro
lado, era pensante también. Recuerdo que un invierno, mi madre que estaba en
(el balneario bonaerense de) San Bernardo me dijo: "El mar está trayendo
cadáveres a la playa". En un día aparecieron 37 cadáveres que los
retiraron violentamente y al otro día ya nadie sabía nada. Eran los que tiraban
al mar. Prediqué muchas veces con una persona sentada que controlaba los
sermones. Cuando falleció un soldado cristiano al caer un helicóptero del
Ejército que estaba haciendo maniobras y fui al velorio recuerdo que
prácticamente me tomaron examen los militares para saber qué iba a decir. Un teniente
y un capitán me llamaron aparte y me preguntaron cuál era mi ideología, qué
pensaba y qué iba a hablar, qué pensaba de la persona que había muerto. Tuve el
teléfono permanentemente intervenido sobre todo cuando empezamos a hacer
algunas cosas en la radio y durante mucho tiempo durante el "Proceso"
recibíamos llamadas anónimas a la misma hora. Levantaban el teléfono y no
decían nada. A las tres de la tarde sonaba el teléfono, levantaba, escuchaba
música, preguntaba quién era y nadie contestaba.
¿Tuvo miedo?
Sí, por supuesto. Me acuerdo del
miedo, del tremendo miedo que vivimos, que ya venía de antes. Me acuerdo de
haber ido a ver la película "Z" (del director de cine Costa Gavras)
en uno de los cines acá en el centro y salir en medio de las tanquetas, nos
estaban cuidando. Muchas veces me revisaron. Una noche volviendo a San Miguel
con Celia luego de ir al teatro, frente a (la guarnición militar de) Campo de
Mayo un soldado nos desvía hacia adentro por un camino de tierra. Freno y me
dice: "Apague las luces externas y encienda las internas". Así que
encendí las luces internas y puse las bajas y me hicieron entrar por ese camino
donde me encuentro con 300 soldados que me estaban apuntando. Me hicieron
bajar, caminar y revisaron el coche de arriba a abajo. Luego revisaron la
cartera de Celia. Me revisaron a mí, revisaron debajo del coche, el motor, el
baúl y después me hicieron seguir. Yo pensaba: "Hago cualquier movimiento
y a uno de estos muchachos con armas largas, nervioso, se le escapa un tiro y
me balea". Porque no eran soldados profesionales, eran conscriptos. Eso
fue lo que viví, terrible. Lo que pasa es que frente a todo lo que vivieron
otros esto no significa nada, pero indudablemente fueron años duros y no
teníamos conciencia de nada. Aunque nos dábamos cuenta por la formación, uno no
caía en la trampa del Mundial (de fútbol) '78, que era un proceso que ya lo
había vivido la Alemania nazi, el deporte en el centro y bien movido.
¿Y cómo fue la experiencia
de la guerra de 1982 por las islas Malvinas?
Fue el problema más grande. Yo fui
opositor desde el primer día y ahí me tuve que enfrentar con muchísimos
pastores amigos que defendían al "Proceso" y que hablaban de la
"galtierización" (por el ex dictador Leopoldo Galtieri) y que yo era
un "apátrida" por lo que perdí una cantidad de amigos, pero que bueno
uno después se reencuentra pero ya no es lo mismo. Es decir, hubo pastores
comprometidos que fueron a vivar la guerra, que a todos los que decíamos que
esto era una locura nos trataban como poco menos que réprobos. A mí muchos
pastores me dijeron abiertamente que era un antipatriota, un antiargentino, que
no merecía tener la nacionalidad.
La
necesidad de un mensaje profético
La Argentina tiene 30 mil
personas desaparecidas durante la represión ilegal, casi un millar de muertos
por la guerra de las islas Malvinas, una tragedia como la de la discoteca
Cromagnon en la que murieron casi 200 personas, miles de chicos que mueren por
causas vinculadas con el hambre y la desnutrición y 28 personas que fallecen
por día en accidentes de tránsito. Además, decenas de personas perecieron en
los últimos años por negligencias humanas en accidentes de aviación ¿Somos un
país de muerte?
La Argentina tiene un sentido necrofílico.
Los días de celebración de los próceres se relacionan con su muerte y no con
su nacimiento. El 11 de septiembre, feriado nacional, se celebra el día del
maestro por la muerte de (el ex presidente Domingo Faustino) Sarmiento.
Pero además de ese
sentido necrofílico ¿no hay un sentido de desvalorización de la vida?
Sí, sí, por supuesto. Hay una gran
irresponsabilidad frente a la vida del otro y la propia. Indudablemente es
un país que va camino a la muerte, que busca la muerte. Todas esas tragedias
no lo han hecho reaccionar para que sea un país que abrace la vida. Tenemos
que pensar mucho en esto y por eso yo digo que la iglesia no puede seguir
con un mensaje alienante. Debe dar un mensaje profético y alertar a la gente.
Yo veo muchas manifestaciones evangélicas y me parece que tiene razón Marx
cuando dijo que la religión "es el opio de los pueblos" porque los
está sacando de la realidad. Estoy de acuerdo con Marx, creo que muchas veces
la religión es el opio de los pueblos y yo creo que la fe tiene que ser el
esclarecimiento de la visión del pueblo. Si la fe no esclarece la visión y
me saca de la realidad es alienación. Yo creo que hay mucha alienación religiosa.
Nos reunimos, cantamos y está todo bien, somos todos de Cristo, nos vamos
todos al cielo, pero al lado nuestro pasan muchas cosas y no tenemos mensaje
profético para esa gente. Me lo han dicho muchos pensadores no cristianos:
"Lo que hacen es únicamente proselitismo. Me encuentran y quiere que
yo pase adelante, levante la mano y sea socio de la iglesia, pero no dicen
nada de lo que piensan sobre la ecología, la muerte, la corrupción",
cuáles son las respuestas que tenemos para todo esto. No hay respuesta, la
iglesia no tiene respuestas, la única respuesta que tiene es "conviértase
a Jesucristo" y no le dice a la gente por qué ni para qué. Ese mensaje
desprendido de la realidad creo que le está haciendo mucho mal a la iglesia.
Aporte
evangélico a la sociedad
¿Cuál es el aporte
de la iglesia evangélica de los últimos 100 años a la sociedad argentina y
cuál es la materia pendiente?
Creo que la materia pendiente
es un fuerte mensaje profético, y que el aporte que muchas instituciones han
desarrollado a favor de la sociedad, como el Ejército de Salvación, tiene
que ver con una tarea fuerte en lo social. Aunque les reprocho siempre que
nunca han promovido lo que hicieron y tienen un gran problema de comunicación.
Cuando estalló la AMIA (el atentado terrorista contra la mutual judía en Buenos
Aires en 1994, en el que murieron 85 personas), los primeros que llegaron
fueron los del Ejército de Salvación, en (el atentado de 1992 contra) la Embajada
de Israel (en Buenos Aires) también. Yo creo que el Ejército de Salvación
tendría que ser para la iglesia evangélica lo que es Cáritas para la Iglesia
Católica. Lo que pasa es que el evangélico tiene una tendencia peligrosa a
la atomización. Entonces, si hay que mandar algo a los inundados de Formosa
cada uno quiere mandar su paquete con su nombre. Yo creo que tendríamos que
aprender que el órgano que ayuda en esto es el Ejército de Salvación y ayudemos
todos a esa organización y son los evangélicos presentes a través suyo, como
los católicos están presentes a través de Cáritas. Creo que ha habido algunos
aportes en ciertas personas que han podido influenciar sobre la gente en el
poder. En el ámbito de la educación se ha hecho un avance muy grande, se hace
mucho, muchísimo. La educación fue siempre patrimonio del protestantismo.
Entrevista: David Kohler
Edición: César Dergarabedian